domingo, 28 de enero de 2018

Cala Sant Vicenç

Vista de las cuevas 6 y 7 donde se puede apreciar los restos de un patio
Las cuevas de la Cala de Sant Vicenç constituyen el conjunto funerario pretalayótico más importante de Mallorca. Estas cavidades han sido expoliadas desde antiguo y tenían un carácter funerario. 
Así pues, nos encontramos ante una necrópolis del Bronce Medio ubicada en un entorno que debía tener un valor sacro. El lugar donde se haya la necrópolis constituye un banco de sedimento cuaternario de fácil excavación por contra del resto del territorio.


A lo largo del tiempo se han llegado a contabilizar un total de trece cuevas, de las que cinco han sido destruidas. A lo largo de un sendero se pueden visitar las seis más espectaculares. La primera es la conocida como cueva 6. Su vestíbulo y corredor han desaparecido, pero conserva una hornacina en el ábside.
Cueva 7. Vista de la antecámara
La cueva 7. Estaba precedida por un patio del que quedan restos. Su portal apenas supera el metro de altura y tras él se abren la antecámara y la cámara. En el acceso a la cámara se ven todavía unas canales que servían para colocar una losa de cierre. El espacio interior tiene unos doce metros como la mayoría de estas cavidades. Conserva el banco lateral donde se colocaban los enterramiento, y hornacinas tanto en el ábisde como a los lados.
La cueva 8 tiene una profundidad de 10 m, banco central y tres hornacinas. Siguiendo el camino pasamos por dos pequeños nichos tallados en la roca, probablemente de época paleocristiana.

Restos de nichos tallados en la roca de época paleocristina situados entre las cuevas 8 y 9
La cueva 9 también tiene su antecámara, cámara, tres hornacinas y un cubículo en el ábside.
La cueva 10 es de planta circular, con una especie de repisa tallada en la pared. En el techo se divisa un orificio, que debió de estar cubierto por una losa de cierre.

Cueva 9. En la imagen de la izquierda la entrada a la cueva, se puede apreciar la antecámara. En la imagen de la derecha se puede apreciar al fondo a ambos lados sendas hornacinas así como el cubículo del ábside
Al otro lado del camino que vemos a la derecha, y a la altura aproximadamente de la cuarta cavidad, se halla la séptima cueva, muy cerca de la pared de piedra. Su estado de conservación es malo, tiene forma irregular y una sola estancia.

sábado, 20 de enero de 2018

Gabellí


Vista desde el interior
El talayot de Gabellí se encuentra en el gran encinar del que surgen las llamadas Fonts Ufanes. Se trata de un talayot de planta cuadrada. Conserva una altura de algo más de un metro, y tiene las medidas habituales en los talayots cuadrados: alrededor de 10,80 metros por lado. Posee el portal entero incluyendo el dintel, orientado a 150 grados, otra constante en las edificaciones de planta cuadrada. Parece que hay una relación entre estas construcciones y los manantiales de agua.

El entorno es un encinar de gran belleza. Vista desde los restos esparcidos del talayot
El talayot no tiene un buen estado de conservación pero su entorno, situado en un espléndido encinar y al lado de las Fonts Ufanes le dota de caracteres mágicos y de una gran majestuosidad.

Entrada del talayot con su acceso con dintel

Vista de una de las esquinas posteriores de este talayot de planta cuadrada



viernes, 12 de enero de 2018

Alemàny. Navetiforme

Vista general desde el acceso principal al navetiforme
Probablemente este el navetiforme más interesante de los descubiertos en Mallorca. Conserva integra su planta, distinguiéndose perfectamente el abside y la fachada con el hueco de la entrada. Además, por el momento es el único que ha suministrado materiales solamente pretalayóticos, dado que3 en los otros casos los hallazgos correspondían ya a la época talayótica, en la que siguieron utilizándose estas construcciones de habitación.

Vista desde la zona absidal. A pesar de su importancia dentro de la prehistoria balear, el entorno no es muy amable con su visualización general, ya que su hallazgo fue debido a la construcción de una carretera.
Esta estructura está realizada siguiendo el sistema de la técnica de construcción ciclópea, propia de la era, de base naviforme y con forma absidal. Aunque las paredes apenas sobrepasan el metro de altura, vemos perfectamente el corredor de entrada y la gran cámara absidal de 19 m. de longitud por 4 m de anchura, donde vivió un grupo familiar de una veintena de personas.




Los muros están formados por un doble paramento de piedras, relleno con piezas más pequeñas y tierra. La cubierta debió de estar formada por troncos, ramas y una capa de barro. En el centro de la cámara se hallaron huellas de un hogar.
Durante la excavación aparecieron un cuchillo de sílex, placas de piedra, punzones, una espátula de hueso, molinos de mano, un ídolo de piedra, cerámica y un puñal de cobre.

Al tratarse de una estructura de grandes dimensiones, se necesita una gran organización para realizarla, lo que hace suponer que la jerarquía de la Mallorca prehistórica estaba bien consolidada.
Se supone que tuvo una función de explotación ( recolección de alimentos y preparativos de la carne de caza) y de habitáculo. Por su cercanía al mar, probablemente mantuvo contacto con embarcaciones que llegaron de la costa realizando intercambios y relacionándose con estas.

viernes, 5 de enero de 2018

Son Matge

Vista del abrigo en su parte oriental tal como lo podemos observar hoy en día. Obsérvese al fondo parte del derrumbe ocurrido en 1.994. Los restos actuales de la fogata parece trasladarnos a los tiempos prehistóricos. El muro de la izquierda es actual
Son Matge es uno de los yacimientos fundamentales de la arqueología mallorquina, ya que conservaba una completa secuencia estratigráfica desde el poblamiento inicial hasta los tiempos romanos. Gracias a su investigación desde su descubrimiento en 1.968, los orígenes de la presencia humana en Mallorca -que hasta entonces se cifraba en unos tres mil años antes de cristo- retrocedían hasta el quinto milenio.

Vista panorámica del abrigo desde el paso de S´Estret, justo cuando empieza la subida hacia el valle de Valldemossa
El abrigo se encuentra en una paisaje que recuerda la Mallorca prehistórica, cuando la mayor parte de la isla estaba cubierta por densos encinares. Bajo la gran pared rocosa se advierten algunos muros ciclópeos de época talayótica. Las excavaciones han vaciado el sustrato acumulado durante siglos, de modo que contemplamos la zona tal como debió de estar en las épocas más remotas.

Croquis estratigráfico de corte frontal
El abrigo de Son Matge fue utilizado en un primer momento como lugar esporádico de ocupación , de acuerdo a los asentamientos estacionales de los grupos de cazadores-recolectores. Los restos más antiguos consistieron en un núcleo de xílex y restos de myotragus con signos de haber sido descarnados, así como cráneos de este animal con los cuernos seccionados en forma de V.  Se atribuyen a un horizonte cronológico del V milenio (4.730 a.C.), en una fase neolóitica local en la que no había aparecido todavía la cerámica.

Myotragus, según la estupenda recreación de la dibujante Hannah Bonner
La segunda fase corresponde ya a una fase neolítica que comienza en el III milenio a.C. con restos de cerámicas lisas. Siguen apareciendo restos de myotragus consumidos, así como cuernos seccionados en V. La ocupación perdura hasta finales del II milenio a.C., y a ese momento final corresponde la figurilla denominada la Dama de Son Matge. Se trata de un ídolo de rasgos muy esquemáticos.

El abrigo se halla rodeado de un espeso encinar.
Vista occidental
El tercer horizonte corresponde a los tiempos talayóticos. Hasta el 800 a.C. aproximadamente sigue utilizándose como lugar de hábitat. Pero hay un momento en que, tal vez a causa de unos desprendimientos, se convierte en cementerio. Los primeros enterramientos se llevaron a cabo en la parte más oriental  y, cuando la zona estuvo ya ocupada, se construyo un recinto en la zona occidental, denominado por los arqueólogos capilla, por su probable función cultural. Los restos son datados alrededor del 1.250 a.C.
Dama de Son Matge. Se trata de un ídolo de rasgos muy esquemáticos que tiene marcados los huecos de los ojos y unos orificios en la base, quizás para colocar ramas a guisa de falda. Datada a finales del II milenio a.C. (Dibujo: Vicenç Sastre)
En el periodo talayótico final, cambia el rito funerario. Los enterramientos se realizan en cal, formando un magma blanquecino de huesos y mineral que todavía se contempla en algunos rincones.
En 2.004 tras una tormenta invernal se desprendió un gran bloque de piedra del abrigo destruyendo gran parte del yacimiento por lo que hoy en día sólo podemos apreciar parte del trabajo arqueológico realizado.
Es recomendable visitar el Museo arqueológico de Deià fundado por  Willian Waldren, descubridor del yacimiento para tener una visión de conjunto de este importante lugar de la prehistoria mallorquina.